DEMOGRAFÍA Y SOCIEDAD
Crecimiento Demográfico de Pamplona
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Entre los 2500 y 5000 habitantes durante la mayor parte de su vida. |
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A partir del siglo XVII el aumento fue constante con pequeñas variaciones: en 1700, había unos 8500 habitantes. |
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En 1800, alcanzaba los 14.000. |
| En 1817, tenía una población de 14.946. |
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1870, cuando acaban las guerras carlistas coincide con los diferentes planes de extensión de la ciudad, 24.600. |

En el
siglo XIX, el crecimiento moderado de Pamplona fue superior al del resto de
Navarra, debido a la inmigración procedente en buena medida de la propia
provincia. Pamplona a mediados del siglo XIX era una ciudad pequeña, de
unos 23.000 habitantes, en el momento en que toda Navarra contaba con un censo
aproximado de unos 30.000 habitantes. la mortalidad y la natalidad eran altas y
la densidad de población baja.
Conforme progresa el siglo XX y con los avances de la
medicina, la mortalidad desciende llamativamente, lo que permite que la
población aumente marcadamente a partir de 1965 en la etapa del Desarrollismo
industrial y económico. Poco a poco la natalidad va descendiendo
progresivamente y a finales del siglo XX el envejecimiento de la población es
claro y manifiesto compensado o frenado por la llegada de gran número de
inmigrantes en los labores del s. XXI.


SOCIEDAD DE ANTIGUO RÉGIMEN
Durante los siglos XVI al XVIII, los grupos sociales están marcados por los patrones religiosos que la iglesia católica señalaba y sus relaciones se basaban en la desigualdad de derechos y la superioridad jurídica y social de determinados ESTAMENTOS sobre los menos privilegiados y los marginados religiosos y económicos. En una población básicamente rural, la propiedad y el disfrute de la tierra influían decisivamente en los modos de vida y de comportamiento. Las actividades productivas quedaban limitadas a las labores agrícolas y ganaderas y el comercio que de ellas se generaba porque las manufacturas artesanales apenas cubrían las necesidades básicas. Predominaban los artesanos encuadrados en varios gremios que han dado nombre a tantas calles. Los comerciantes, aunque poco numerosos, destacaban por su riqueza. En Pamplona tan sólo una tercera parte de la población se dedicaba a la industria artesanal o al comercio. Pamplona era capital del reino y sede episcopal por lo que contaba con un elevado número de funcionarios y burócratas que gozaban de apreciación social, una docena de oficiales militares con salario del rey y un centenar y medio de soldados daban a Pamplona un aire militar.
Según el CENSO DE GODOY de 1797, residían en Pamplona, 13 titulados, 30 mayorazgos y 271 hidalgos. La catedral, la curia episcopal, 15 conventos y 4 parroquias aportaban el 6% de sus habitantes y una cuarta parte de sus vecinos eran labradores.
La vida religiosa y cultural navarra del Antiguo Régimen aparece marcada por la intensidad de la práctica religiosa de la mayoría de la población y por la carga ideológica que desde los poderes públicos (monarquía e Iglesia) se concede a esa actitud social. La religión impregna todos los apartados de la vida y se manifiesta públicamente en cualquier circunstancia. La moral católica y la práctica religiosa fueron la norma social y legal, y cualquier desviación de esas pautas religiosas era duramente perseguida. Además la mayor parte de las obras literarias y artísticas se utilizan como instrumento de propaganda politico-religiosa de gran alcance. No obstante, la mayor parte de la población era analfabeta y tan sólo unos pocos intelectuales navarro alcanzaron un relieve excepcional.
SOCIEDAD DE NUEVO RÉGIMEN Y COSTUMBRES
La sociedad navarra seguía siendo muy tradicional y la mayor parte de los navarros seguían siendo analfabetos. La burguesía era un pequeño grupo de comerciantes e industriales cuya influencia no iba mucho más allá de la ciudad aunque solían ocupar la mayor parte de los cargos municipales y en algunos casos tenían fortunas considerables. Al no haber una industria potente, los obreros eran una minoría sin grandes inquietudes sociales.
En una
sociedad mayoritariamente rural, la alimentación era poco variada, lo más
frecuente era un plato de habas con guindillas para almuerzo, otro con tocino al
mediodía y alubias por la noche. La sencillez de las comidas diarias contrastaba
con los banquetes que se servían en las ocasiones festivas o en los actos
oficiales.
El vestido era distintivo de la condición
social. El atuendo rural constaba de pantalón y chaqueta o blusa sobre camisa y
alpargatas. La mujer rural vestía rojas oscuras, sayas y refajos, además
de delantal. Sobre los hombros, el echarpe o mantón y pañuelo negro en la
cabeza. Los señores usaban cuello duro y pajarita o gran corbata, sombrero y
capa y se dejaban grueso bigote. Las damas usaban polisones, mariñaques, blusas
y sombreros. Entre los dos grupos se encontraba una variadísima gama de
uniformes militares, hábitos religiosos, atuendos de niñeras y criadas de casas
ricas y los trajes de las clases medias burguesas.
La vida era sencilla, modesta, de costumbres muy arraigadas en una férrea
tradición familiar e influida por las creencias religiosas. La tertulia
del café y el juego de pelota constituían el principal esparcimiento. había
varios frontones repartidos por toda la ciudad. En 1888 se inauguró el Café
Iruña en la Plaza del castillo. En los bajos del nuevo café se situaron los
billares, donde nació "Osasuna".
Los acontecimientos festivos más destacados coincidían
con las fiestas religiosas generalmente. Los Sanfermines se fueron perfilando
como una fiesta nacional y con el paso del tiempo en internacional, sobre todo
tras la publicación de la obra Fiesta de Ernest Hemingway. El traje blanco, con
faja roja y zapatillas de esparto, fue ideado en 1931 por los mozos de la Peña
"La Veleta", porque querían ir todos uniformados.
Entre las fiestas civiles destacaba el carnaval, una
preparación intensa para la cuaresma. Había que evitar los disfraces contrarios
a la moral, las caretas en público y en ningún caso se admitían disfraces
alusivos a la política, la religión o el ejército.
"El veraneo" es otra herencia del siglo XIX. Adquirió una
importancia social destacada. Fue la época de los balnearios, como el de
Belascoain o el de Fitero, y las playas del Cantábrico, lugar de vacaciones de
muchos navarros durante los dos primeros tercios del siglo XX.
En 1896 llegó a Pamplona el cine, y desde la introducción del
sonido en 1927 cada vez con más adeptos.
La vivienda: El alumbrado eléctrico no se implantó hasta
finales de siglo, así como la conducción de agua corriente y hasta entonces el
agua había que ir a buscarla a la fuente o la llevaban a las casas los
aguadores.
El medio de transporte a comienzos del XIX eran las
caballerías, los carros y la diligencia. las calles cuando llovía se convertían
en auténticos barrizales. La aparición de la bicicleta en 1878 causó una
verdadera revolución, aunque su uso no se generalizó hasta fines de siglo. En
1894, aparece el primer automóvil en las calles de la ciudad. Los primeros
coches de línea fueron los de vapor, viajaban a 25km/h y unían la ciudad con
localidades como Estella o Elizondo a principios del siglo XX.
A mediados del XIX llega a la capital el ferrocarril lo cual
sería un gran avance para abrir la ciudad al mundo exterior, para el comercio,
la industria y la cultura.
La defensa que diversos grupos harán de las costumbres y las ideas heredadas de
los tiempos pasados van a marcar las pautas del siglo y también los ritmos de la
evolución social que será muchos mas lentos que en otras regiones. La Iglesia
mantuvo su influencia en la vida social. Al ser Navarra una región básicamente
rural, sus posibilidades de incidir en las costumbres y formas de vida eran
múltiples. Los liberales nunca intentaron acabar con la actividad
religiosa sino simplemente limitarla en determinados ámbitos de la vida pública,
como la política.
ACTIVIDADES ECONÓMICAS
Pamplona albergaba una importante población rural que vivía de las labores del campo. Se cosechaba vino se cultivaban cereales, legumbres y productos de huerta en las orillas del Arga. Tenían fama las pochas de la Rochapea, los garbanzos de Burlada y la leche de oveja de Tajonar. El trabajo del campo se desenvolvía en unas condiciones tan duras como tradicionales. El cultivo del cereal, con técnicas arcaicas no conoce el arado de vertedera hasta finales del XIX. La introducción del cultivo de la patata y la extensión del cultivo del viñedo no produjo ningún cambio significativo en las formas de vida. A finales del XIX la epidemia de la filoxera supuso la pérdida de muchísimas vides y la ruina de muchísimos agricultores. Progresivamente la gente del campo fue emigrando a Pamplona en busca de trabajo.
Las actividades industriales
durante el siglo XIX están bastante alejadas de los patrones de la revolución
industrial europea. Son escasas las industrias de la ciudad, se desarollan
pequeños talleres artesanales, descapitalizados y con técnicas no muy diferentes
a las del siglo XVIII: ferrerías y pequeños talleres textiles.
El comercio no era una actividad boyante, ya que la
producción agrícola y la actividad industrial, prácticamente se reducía al
autoabastecimiento. Los pocos excedentes se intercambiaban en las ferias y
mercados locales, según se había hecho desde siglos anteriores.
Sólo a finales del siglo XIX se inicia una lenta industrialización. Progresivamente, con la industrialización y el desarrollo económico y social, la ciudad se va transformando, y especialmente en la segunda mitad del siglo XX. La llegada de las universidades contribuirá al desarrollo de la modernidad.
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